Desarrollan un sitio web para comparar rendimientos y calidad de cultivos

30/06/2022 – Se trata de un conjunto de páginas interactivas y gratuitas, que incluyen mapas y una calculadora para evaluar costos de distintos tratamientos para trigo, cebada y maíz, entre años y por localidades. Además, el INTA Balcarce –Buenos Aires– y el Programa Internacional de Aapresid diseñaron una calculadora online para promover la agricultura conservacionista en África.

https://www.profertil.com.ar/

Cada inicio de campaña agrícola, el INTA recibe numerosas consultas sobre comportamiento, ecofisiología, plagas y prácticas de manejo de cultivares. A partir de las cuales genera y difunde información mediante jornadas de capacitación para profesionales y productores, informes de seguimiento de campaña y charlas en cada agencia regional.

“Empecé a notar que, en muchos casos, los contenidos web tenían más difusión que los informes escritos que realizamos, porque permite que el usuario encuentre más rápidamente la información que le interesa, de ahí surgió la idea de realizar una primera página web interactiva donde el productor puede comparar el rendimiento de cultivares de trigo”, señaló Pablo Abbate, especialista en cultivos de invierno del INTA Balcarce –Buenos Aires– y desarrollador de la idea.

Con el objetivo de difundir información y ayudar al productor sobre qué sembrar, surgió la creación de un sitio web que permite comparar el rendimiento y la calidad de cultivares comerciales de trigos pan argentinos y paraguayos, cebadas graníferas y pastoriles, y maíz.

Del desarrollo participaron un equipo de investigadores del INTA Balcarce y Bordenave, estadísticos de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba, economistas de la Universidad de Buenos Aires, investigadores de IPTA (Paraguay) y de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata

Cultivaresargentinos.com, es el primer sitio web interactivo y gratuito que permite realizar una comparación online del rendimiento de variedades de trigo, cebada y maíz entre años dentro una localidad. Además, incluye páginas para comparar la calidad de trigo pan, para consultar los Grupo de Calidad, para identificar cultivares de trigo, un mapa de subregiones trigueras y otros cereales invernales, un mapa de daño por heladas y una calculadora para evaluaciones económicas de distintos tratamientos.

La información se actualiza con datos de las Redes de Ensayos que el INTA conduce junto con otras instituciones. En el caso de trigos son los que se evalúan anualmente en la “Red de ensayos comparativos de cultivares de trigo” coordinada por el Instituto Nacional de Semillas (RET-INASE). En cuanto a las cebadas, son las que estudia el Grupo de Mejoramiento y Calidad Vegetal de INTA Bordenave en los Ensayos Comparativos de Rendimiento.

Para usarlo se debe seleccionar primero la ubicación de los ensayos, luego la cantidad de campañas a promediar, el nivel de manejo de una lista, la época de siembra y por último los grupos de calidad comercial.

El desarrollo brinda información estratégica para optimizar el manejo de los lotes. “En los últimos días la proporción de consultas que recibimos en la página y en las agencias, permite ver que, para la próxima campaña, existe una tendencia a que muchos productores se vuelquen al cultivo de cebada en reemplazo de trigo”, mencionó Abbate.

Es que, frente al panorama de incertidumbre de los precios internacionales del trigo y sus insumos, muchos están evaluando un cambio de estrategia. En este aspecto, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estimó una superficie de 6,5 millones de hectáreas, 200.000 menos que en el ciclo 21/22.

Estas son estimaciones iniciales que pueden ir cambiando con el desarrollo del enfrentamiento entre Ucrania y Rusia, ya que estos países son importantes productores de cereales. La suba de costos y el riesgo de que el precio del trigo baje si se resuelve el conflicto, están entre los principales motivos que impulsan este cambio.

De la Argentina a África

Con la intención de promover la agricultura conservacionista en África se diseñó una calculadora online para la evaluación de una amplia gama de tratamientos de cultivos. La idea se dio en el marco del convenio celebrado entre INTA Balcarce y el Programa Internacional de Aapresid (Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa Argentina).

“La página originalmente fue diseñada para evaluar tratamientos de fungicidas en cereales invernales de productores argentinos, pero la adaptamos para utilizarse en una amplia gama de tratamientos de cultivos, sean graníferos o no”, explicó Pablo Abbate, especialista en cultivos de invierno del INTA Balcarce –Buenos Aires– y desarrollador de la idea junto con Edwards Molina –INTA Balcarce– y Nicolás Bronzovich –Aapresid–.

Permite calcular simultáneamente el costo de tratamientos de cultivos que incluyen hasta tres aplicaciones de productos, considerando los gastos variables, el costo de cada aplicación y la eventual pérdida de rendimiento por daño en la planta.

“La gama de tratamientos que se pueden evaluar con esta página es muy amplia”, agregó el investigador. Incluye el control de malezas, enfermedades e insectos como la oruga cogollera del maíz (Spodoptera frugiperda), la aplicación de fertilizantes, reguladores y estimuladores del crecimiento.

INTA

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El sorgo se posiciona como un cultivo competidor ante la demanda de China

29/06/2022 – Hasta el momento, la superficie representa menos del 3 %, pero la tendencia año a año es creciente.

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El sorgo no suele ser la estrella de la producción argentina, sin embargo, la gramínea toma fuerza año a año. La tendencia es positiva y, principalmente, se explica por la gran demanda de China.

En el marco del Congreso Maizar, el economista a cargo de la Dirección de Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario, Julio Calzada y Alberto Lugones brindaron detalles del escenario al que se enfrenta este cultivo.

Los últimos datos de la campaña de sorgo arrojaron que la superficie ocupa el 3 % en relación al total. Sin embargo, en la campaña 2020/21 se observó una duplicación de las hectáreas sembradas con sorgo, si se comparan los valores con 2019/20.

“Si bien aún nos encontramos por debajo de los máximos históricos en cuanto a superficie destinada a este cultivo, esta recuperación brinda un soporte positivo a las expectativas para los próximos ciclos comerciales”, explicaron los encargados de brindar la charla sobre sorgo. 

La fuerte apuesta del cultivo es el mercado interno, pero también la exportación. En Argentina, el cultivo es fuerte como forraje. En lo que respecta del mercado exportador, la demanda  de China generó un fuerte incentivo.

En la campaña pasada se exportó el 67% de la producción nacional, y el gigante asiático fue el principal destino. Antes, los principales destinatarios eran Japón y México, pero ambos países disminuyeron su demanda.

China es el gran comprador, ya que el sorgo se utiliza para abastecer el mercado forrajero y de bebidas espirituosas. Solo hay tres países capaces de abastecer al mundo: Estados Unidos, Argentina y Australia.

“Los precios a nivel internacional del sorgo acompañaron en buena medida lo que fueron las subas de los commodities agrícolas en general. Asimismo, se debe destacar que debido a la sustitución que se da entre el consumo forrajero de maíz y de sorgo, se registra una correlación muy elevada entre los valores del cereal y de la gramínea”, aclararon en la disertación.  Al mismo tiempo, las cotizaciones del sorgo superan, en muchas ocasiones, a los precios del maíz debido a la demanda de China. 

Agrofy News

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La siembra de trigo atascada en el 65% por la falta de agua en la región núcleo

24/06/2022 – La ausencia de lluvias durante mayo y junio le pesa al trigo. Pasó una semana y no se puede sembrar en estas condiciones y sigue habiendo 500.00 ha de trigo pendientes de las lluvias. «Lo números más negativos son los del oeste de la región núcleo» afirma el último informe del GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario.

https://pourtauemilio.com.ar/modelo/alaskan

En Marcos Juárez, al sudeste de Córdoba, sin chances de sumar lotes y la superficie destinada al cereal se recorta en un 50%.  En el noroeste bonaerense, como en Gral. Pinto, no hay más humedad para la siembra y quedó un 10% del trigo intencionado sin plantar. En el centro sur de Santa Fe quedan pocos lotes para finalizar, pero la siembra está parada desde hace 15 días por la falta de humedadCañada Rosquín dio por finalizada la plantación con un 30% sin sembrar.

“Se esperará una semana más por lluvias”, dicen en el resto del área. En Bigand, la siembra triguera está paralizada en el 35% y son necesarios entre 20 a 30 mm para sumar algunos lotes más. Ya estiman que el 35% quedará sin implantarse. En Carlos Pellegrini, “con una lluvia, la semana próxima se terminaría de hacer todo lo intencionado”. En el noreste de Buenos Aires disminuyen las expectativas de completar lo que resta con cada semana que pasa sin llover. En Colón el área triguera registra una caída de entre el 15 al 20%. El final es incierto y el área proyectada en la región de 1,43 M ha podría tener fuertes ajustes. 

BCR News

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“Es posible ir hacia una agricultura que sustituya el agregado de fertilizantes tradicionales”

23/06/2022 – Así lo afirma el investigador del Conicet, Luis Wall. El boom de los bioinsumos y el rol de los microorganismos del suelo traen nuevos desafíos en materia de fertilidad. Aapresid adelanta algunos temas de su próximo congreso “A suelo abierto”.

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El 30º Congreso “A suelo abierto” de Aapresid vuelve a la presencialidad en Rosario, del 10 al 12 de agosto. El evento que marca la agenda del agro en materia de tecnología y conocimiento, pondrá el foco en la mirada prospectiva, invitando a pensar la agricultura que se viene y abriendo camino hacia nuevas maneras de producir, con la sustentabilidad como bandera.

Uno de los focos estará puesto en la fertilidad, cuyo abordaje y manejo se han visto revolucionados por la irrupción de los “insumos biológicos”, y los descubrimientos en materia de biofertilidad, es decir, la fertilidad que aportan los microorganismos que habitan el suelo. Los Dres. Luis Wall y Martin Torres Duggan – ambos invitados al próximo Congreso – nos adelantan algunos de los desafíos en este contexto.

Empezando por los insumos biológicos, o bioinsumos, estos incluyen un paquete de productos va desde los más conocidos y tradicionales como las bacterias del género Rhizobium que, inoculadas en la semilla permiten la fijación biológica de nitrógeno (N) por la simbiosis que se desarrolla en la planta, hasta nuevas formulaciones que se aplican en el suelo o a nivel foliar y que contienen extractos botánicos, fitohormonas, ácidos húmicos o incluso algas.

Su uso se ha convertido en una tendencia global. Según explica el Ing. Agr. Martín Torres Duggan, especialista en fertilidad de suelos y experto de la Red de Nutrición Biológica de Aapresid, tanto productores como consumidores empiezan a elegirlos por ser más “eco friendly”, sin necesariamente comprender del todo su funcionamiento.

Tipos de biológicos: biofertilizantes y bioestimulantes

Dentro de los bioinsumos con impacto en la nutrición vegetal, podemos diferenciar dos grandes grupos: los biofertilizantes y los bioestimulantes.

Los biofertilizantes son productos que tienen como principal ingrediente un organismo vivo que genera efectos sobre el cultivo, relacionados con la absorción de nutrientes como N o P. En general se aplican como tratamiento de semilla, es decir como inoculante. Algunos ejemplos: Bacillus, Trichoderma, Azospirillum o Rhizobium.

Los bioestimulantes, por su parte, son un grupo muy heterogéneo de formulaciones que contienen sustancias y/o organismos (que van de extractos botánicos, fitohormonas, ácidos húmicos, hasta algas como Ascophyllum) que generan un efecto fisiológico y/o bioquímico en las plantas, que se traduce en impactos positivos, como mejoras en rendimiento y/o calidad del producto cosechado, beneficios en términos del valor nutricional de tejidos como granos o frutos, mayor translocación de micronutrientes de la raíz al tallo y tolerancia al estrés biótico o abiótico (deficiencias hídricas, nutricionales, sales, contaminación con metales pesados), entre otros.

Cuáles son los verdaderos efectos de los bioinsumos

En muchos de estos bioinsumos – sobre todo los biofertilizantes – su comportamiento a campo está ampliamente probado. Por ejemplo, en la Región Pampeana Díaz Zorita reportó resultados de más de 9 años de experimentación a campo en condiciones extensivas de producción en más de 280 sitios sobre los efectos de Azospirillum brasilense sobre el rendimiento de los cultivos de maíz y trigo. “Las respuestas son del orden del 6% promedio en rinde, y en maíz la respuesta es económica en el 81% de los casos”, destacó Torres Duggan. También son bien sabidos los efectos de rizobios en soja, un biofertilizante ampliamente evaluado a campo y con resultados consistentes en términos del aumento de rendimiento (rango de 6-8%).

En el caso de los bioestimulantes, los efectos son menos contundentes y en términos generales moderados, aunque variables entre sitios y años. Esto se debe, en gran medida, a que los mecanismos de acción son más complejos. Según Torres Duggan, esto plantea, por un lado, un desafío agronómico: “los efectos de los insumos tiende a estudiarse por separado. Para entender los impactos de los bioestimulantes es necesario trabajar con una mirada integral y mediante equipos interdisciplinarios”. Por ejemplo, las respuestas del 20% en rinde que se ven al aplicar aminoácidos de alto valor biológico no se explican por los kilogramos de N aplicados, como es el caso de un fertilizante, sino por los efectos funcionales (cambios fisiológicos y bioquímicos) que ocurren en el cultivo.

Este enfoque integrador, donde el funcionamiento fisiológico es central, permitirá empezar a entender los mecanismos subyacentes de estos ingredientes bioactivos, así como la variabilidad en las respuestas que se observan a campo, y sobre todo en un contexto en donde se tiende a aplicar formulaciones que contienen diversos ingredientes. “Desenmarañar esta variabilidad y detectar patrones de respuesta es clave para generar un modelo de recomendación contundente al productor o asesor”, destacó.

Pero por otro lado, estos insumos serán aliados estratégicos de una agricultura cada vez más afectada por la variabilidad y el cambio climático. El abordaje de los bioestimulantes desde la fisiología del estrés vegetal, permitirá lograr cultivos mejor preparados para soportar las condiciones ambientales extremas.

Biofertilidad: otro gran jugador que entra en escena

El Bioquímico Luis Wall, de la Universidad Nacional de Quilmes y el CONICET, trabaja desde hace más de una década junto a productores estudiando la biofertilidad. “La biofertilidad es la capacidad que tiene el suelo de generar un ambiente saludable para el crecimiento de las plantas a partir del funcionamiento de la biología del suelo, es decir del resultado de las interacciones biológicas entre los organismos que en él viven”.

Según Wall, esta fertilidad biológica se da tanto a nivel de físico – donde la acción de bacterias, hongos y lombrices mejora la porosidad y la agregación de las partículas del suelo – como químico, dado que esa misma microbiota facilita la disponibilidad de nutrientes para la planta. Esta biofertilidad también tiene que ver con el control biológico que ejercen los microorganismos para proteger a la planta de enfermedades.

Esto podría explicar muchos de los efectos positivos de la Agricultura Siempre Verde (ASV), que tiende a una mayor intensidad y diversidad de cultivos. “En este tipo de planteos productivos estudiados en zonas como Pergamino, o incluso en Patagonia, hay una parte de la respuesta en rindes que no se puede explicar por el agregado de un fertilizante”. Acá entra en juego la biología de suelos, resaltó Wall. “El establecimiento de conexiones entre plantas por filamentos de hongos micorríticos, como si las plantas estuvieran cableadas y conectadas entre sí, es un mecanismo de funcionamiento de los suelos naturales de bosques y praderas que creo que debería poder expresarse en sistemas diversos en siembra directa (SD)”, remarcó.

“La posibilidad observada por algunos productores de reemplazar el agregado de fertilizantes tradicionales por un manejo particular de herramientas como los cultivos de servicio (CS), para mi tendría una explicación en estos mecanismos, pero no tenemos estudios realizados a campo para verificar esta hipótesis”, agregó.

Por otro lado, destacó la importancia de comprender un aspecto particular del funcionamiento de los bioinsumos: “cuando inoculamos una semilla con microorganismos promotores del crecimiento (PGPR) y tenemos una mejora de rendimiento o sanidad, atribuimos esa mejora a la acción directa de ese microorganismo inoculado. Sin embargo, estudios recientes muestran que el PGPR inoculado cambia la composición de la comunidad de microorganismos asociados a la planta y es este cambio, esta nueva estructura de comunidad microbiana asociada a la planta lo que determinaría las mejoras de sanidad y productividad”.

¿Estamos ante un nuevo paradigma de fertilidad?

La irrupción de los bioinsumos y los últimos descubrimientos en materia de biofertilidad revolucionan la forma de entender la fertilidad edáfica, tal cual la conocemos hasta ahora.

Por un lado, el manejo de la fertilización por reposición considera al suelo como si fuera un florero, desaprovechando el potencial de biofertilidad que ofrece el sistema. Wall sugiere que es posible transicionar hacia una agricultura que sustituya total o parcialmente el agregado de fertilizantes tradicionales y que potencie la biofertilidad, es decir, la fertilidad que aporta la biología de suelos.

“La eliminación de los fertilizantes químicos del sistema seguramente producirá grandes caídas en el rendimiento, pues estamos forzando al sistema a funcionar en un sentido para el cual no lo hemos preparado”, enfatizó. Sin embargo, este nuevo ambiente en el que el nutriente no se encuentra fácilmente disponible para la planta, genera las condiciones para que sea la microbiología asociada a ésta la que se reacomode para proveerle el N y P necesarios para su desarrollo, a partir del reciclado del N-orgánico y P-orgánico, no necesariamente pasando por el proceso de mineralización.

En el paradigma que plantea el Dr. Luis Wall los desafíos tienen que ver con lo mucho que falta por conocer del microbioma del suelo asociado a la planta. Por un lado, es necesario desarrollar estrategias de manejo adecuadas que permitan potenciar la vida en el suelo y, por el otro, hacer de uso extensivo las herramientas para medir la biofertilidad. “Sin dudas, esto requiere de infraestructura y de un programa de trabajo que involucre al sector científico, productivo y al Estado, como organismo regulador del cuidado del ambiente”, agregó.

A esta mirada, el Dr. Martín Torres Duggan sostiene que si bien es difícil pensar en un paradigma sin fertilizantes tradicionales, es necesario fomentar el paradigma de la “agricultura ecológica”, que cuenta con evidencia experimental y un marco epistemológico validado que pone el foco en los procesos, en lugar de los insumos.

Este paradigma no excluye ningún tipo de insumo, porque pone el foco en los principios de la Ciencia Ecológica aplicada a los agroecosistemas. En los agroecosistemas, el componente antrópico, que es el hombre cultivando, debería regirse por principios como la rotación de cultivos en intensidad y diversidad, la siembra directa, el mantenimiento de plantas vivas creciendo en el suelo (e.g. cultivos de servicio), la nutrición balanceada, entre otros. En el marco de este paradigma, los insumos utilizados pueden ser diversos, incluyendo los fertilizantes y enmiendas tradicionales (e.g. urea, SFS, SFT, yeso, carbonatos, roca fosfórica, etc.), pero también a cualquier fuente de nutriente que pueda contribuir a la nutrición del sistema: cultivos de servicios, estiércol, efluentes pecuarios, compost, etc. Pero la clave está en enfocarse en los procesos que hacen a la nutrición balanceada, como el diagnóstico, la elección de la fuente, momento y forma de fertilizar. En este contexto, los bioestimulantes y biofertilizantes no solo complementan, sino que sinergizan y mejoran la performance agronómica de los fertilizantes tradicionales en sentido amplio.

Una agricultura regida por un enfoque de procesos garantiza la eficiencia de uso de nutrientes y reduce los impactos sobre el ambiente. Si bien Argentina es líder en agricultura de conservación como la siembra directa, que a nivel global no es de adopción masiva, tenemos mucho por hacer y mejorar en cuestiones básicas relativas al manejo de la fertilidad de suelos.

En nuestro país predomina la agricultura extractiva de nutrientes, donde no hay reposición ni diagnóstico de fertilidad (solo el 20-30% de los productores realiza análisis de suelo). Tampoco se utilizan dosis suficientes, y esto se ve en la caída sistemática de los niveles de disponibilidad de los nutrientes a lo largo del tiempo en las principales zonas de producción de la Región Pampeana.

En este contexto, Torres Duggan resaltó que, por ahora, no se cuenta con evidencia experimental sobre el paradigma de la biofertilidad edáfica, pero tampoco resulta adecuado un “paradigma químico” basado exclusivamente en la aplicación de fertilizantes tradicionales (mal llamados “químicos” ya que todo material aplicado al suelo es una sustancia y por ende, un compuesto químico). “Creo que deberíamos ir hacia un paradigma de convergencia, donde la agricultura necesitará regirse por principios de la Ecología, sumando los nuevos conocimientos de la microbiología y rizobiología agrícola bajo un enfoque de relación suelo/planta mediado por las microbiota asociado a ambos sistemas”, concluyó.

Agroclave

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¿Cuánto se debió invertir en Argentina para la siembra 2021/22?

21/06/2022 – La inversión realizada para la siembra de los principales granos de Argentina presentó un fuerte incremento en el ciclo 2021/22 alcanzando los US$ 13.500 millones. Además, la participación del maíz dentro de este monto superó a la de la soja.

http://www.simone.com.ar/

En el contexto internacional se han generado presiones sobre los costos de los insumos esenciales para la producción agrícola y Argentina no fue ajena a esta situación. No sólo se presentó una tendencia alcista en los valores de los fertilizantes por las complicaciones que generó la pandemia de COVID-19, sino que en el último tramo también se registraron subas por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. No obstante, se debe aclarar que este último efecto se dio temporalmente fuera del período en el que se considera que se han obtenido las mercaderías necesarias para la siembra de los granos locales del período 2021/22, puesto que corresponden a cultivos cuyas implantaciones se dieron previo a febrero del 2022.

El presente artículo utiliza la metodología presentada en el artículo de la campaña 2021/22 y analiza la evolución histórica de los costos de siembra, pulverización e insumos que se aplicaron en el ciclo que aún estamos transcurriendo.

Inversión total:

Luego del descenso del 14% en términos de inversión que había implicado la campaña 2020/21 respecto al ciclo previo, los US$ 10.240 millones que se invirtieron en ese entonces sentaron una base que sirve para resaltar el fuerte incremento que se requirió para generar los granos en este 2021/22 puesto que los US$ 13.500 millones que se desembolsaron implican una suba del 30,5% de incremento entre los últimos 2 períodos comerciales, siendo el mayor registro histórico.

Para obtener este resultado, se creció tanto en requerimiento de US$ por hectárea como en superficie sembrada. El primero de estos aspectos, tal como se comentó en la introducción, tuvo cotizaciones alcistas entre campañas pasando de US$ 294,9/ha a US$ 375,6/ha en lo que refiere a la siembra, pulverización e insumos. Este guarismo también implica un récord para la serie, cuyo máximo se había dado en la campaña 2019/20 con US$ 334,8/ha, mientras que en los años previos se había encontrado por encima de los US$ 300/ha. El segundo de los factores explicativos de este récord de inversión se da en la extensión que se dedicó a la producción agrícola en nuestro país y, más puntualmente, a los 6 cultivos principales (soja, trigo, maíz, girasol, sorgo y cebada). El crecimiento de la superficie sembrada entre el 2020/21 y el 2021/22 es del 2,5%, implicando un total de 35,6 M ha, registrándose de esta forma el récord histórico para el área destinada a estos cultivos en conjunto.

Costos por cultivo:

La evolución de la necesidad de inversión obviamente depende de qué es lo que se esté sembrando. Cada uno de estos cultivos tiene costos por hectárea diferentes y cada decisión de producción impactará en desigual proporción dependiendo de qué grano se busque producir. Asimismo, la tendencia general de los costos de los insumos necesarios en este ciclo ha sido claramente alcista, superando en todos los casos a los US$/ha del año pasado. En este sentido, el maíz tardío y el sorgo fueron los segmentos que más vieron crecer sus costos de siembra, con 44,3% y 42,8% respectivamente. No obstante, puede afirmarse que sin importar cuál de estos cultivos se haya elegido producir, las erogaciones necesarias para la siembra de los granos en todos los casos han sido superiores a los del ciclo 2020/21.

Evolución de la superficie de los cultivos:

En los últimos años se presentó una caída en la superficie argentina donde se siembra soja y el ciclo 2021/22 continuó esta tendencia. De hecho, esta campaña alcanzó la menor superficie total desde la campaña 2005/06 y muy por detrás de las 20,3 M ha que se sembraron en el período comercial 2014/15. Por otra parte, debe destacarse que la proporción entre la soja de primera y la de segunda también continuó con la tendencia que ha mostrado en las últimas campañas, teniéndose una caída en la soja de primera y un aumento en la de segunda. En este sentido, la siembra de oleaginosa que se realiza tras la cosecha de los cultivos de invierno ha ganado participación de manera casi constante en los últimos años, alcanzando el equivalente al 34% de la superficie de la soja en la última campaña, mientras que en el ciclo previo esto alcanzaba el 32%. Asimismo, se debe destacar que en el período 2016/17 la participación era del 24%.

Asimismo, tal como sucedió en el ciclo 2020/21, se dieron incremento en las áreas sembradas del maíz y del trigo. En este sentido, el primero de estos cereales tuvo un incremento cercano al 14%, mientras que el segundo cultivo mencionado creció en un 6%. En efecto, en esta última campaña también aumentaron su superficie el girasol y la cebada, 11,5% y 10,2% respectivamente. Por el contrario, la soja (-4,7%) y el sorgo (-8,7%) fueron los únicos dos cultivos que redujeron superficie total, aunque esta caída haya sido más que compensada por las subas antes mencionadas.

Participación del maíz en la inversión total:

Teniendo en cuenta las variaciones presentadas sobre los costos individuales y las áreas destinadas a los cultivos podemos inferir la participación de cada uno sobre los US$ 13.500 millones que se invirtieron para la siembra de la actual campaña. El maíz, representó el 38,5% de la inversión total (+5 puntos porcentuales) y pasó a ser el cultivo con mayor participación superando por primera vez a la soja que se posicionó en segundo lugar con un 33,2%, 6,5 puntos porcentuales por debajo del desempeño de la campaña 2020/21. Para detallar un poco más esta evolución, podríamos decir que el maíz generó 13,4 puntos porcentuales más que en la campaña 2016/17, mientras que la soja representó 17,6 puntos porcentuales menos que en dicho ciclo. Por otra parte, el trigo aumentó su participación respecto a la campaña pasada en poco menos de un punto porcentual, mientras que el girasol lo hizo en medio punto porcentual. Por su parte, el sorgo y la cebada prácticamente no variaron en su participación sobre las erogaciones para la siembra nacional.

Finalmente, se debe mencionar que en términos absolutos todos los cultivos incrementaron su nivel de inversión para esta campaña. En este sentido se destaca que tanto la soja como el sorgo, que tuvieron descensos en las áreas destinadas a su producción, aumentaron sus montos como consecuencia de las subas de costos, contribuyendo a alcanzar los US$ 13.500 millones invertidos en la siembra de la campaña 2021/22.

BCR News

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Trigo: ¿Qué puede pasar con las 500.000 ha que aún faltan sembrar?

17/06/2022 – Sin avances importantes en la siembra y con pronósticos desalentadores. ¿Siguen en pie los planes de trigueros? ¿La falta de agua, aparte, podría limitar la tecnología y reducir el potencial en 1,5 Mtn?

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«Solo se adelantó con la siembra en el noreste de Buenos Aires. Prácticamente, no hubo avances en el centro sur de Santa Fe y este de Córdoba por la falta de agua. El progreso de la región núcleo fue de tan solo un 8% esta semana», así lo señaló el último informe de la Guía Estratégica para el Agro de la Bolsa de Comercio de Rosario. 

La limitante es que restan 10 días para el cierre de la ventana óptima de siembra sin tener que cambiar de cultivares. Lamentablemente, se confirman los pronósticos de lluvias en SE brasileño y en Entre Ríos, Misiones y Corriente y la falta de agua para la región pampeana. “La probabilidad de algún aporte pluvial sobre la región pampeana quedaría restringida a la última semana del mes”, dice Aiello. Eso significaría llegar al límite de la oportunidad de siembra para los cultivares que más se usan en la región.

¿Podría quedar la superficie de trigo en la región por debajo del millón de hectáreas?

En principio no, porque los planes de siembra en buena parte de la región siguen pendientes de las lluvias. Solo en las zonas más afectadas de Santa Fe, el NO de Buenos Aires y en el oeste de Córdoba dicen que la hora del trigo se terminó. En cañada de Gómez se da por finalizada la siembra, “salvo que ocurra una lluvia y algún productor sume algunos lotes de ciclo corto”, dicen los técnicos. En Bigand y Bombal la siembra está estancada en el 40%, y tiene pocas expectativas de sumar lotes por la falta de humedad. El este de Córdoba se paralizó en el 90% y son muy bajas las chances de seguir sembrando, también indican. En cambio, En Carlos Pellegrini y El Trébol se estancó en el 80% a la espera de una lluvia, pero sí hay ilusiones y no se resignan a sembrar lo que falta. Sí, suma cuadros el norte de Buenos Aires que sigue sembrando. En San Pedro y Colon, el agua de la cama de siembra permitirá sembrar todo lo intencionado y en estos días se largará la siembra de los ciclos cortos. 

 Cambio de estrategia en la fertilización: de poner todo a la siembra a dosis mínimas y retocar sobre la marcha

El año pasado se apuntaba a producir 50 a 55 qq/ha. Esto es el potencial de rinde según la tecnología aplicada; en el 2022 bajó a los 35 a 45 qq/haEsta diferencia le estaría restando 1,5 a 1,8 Mt de potencial por menores rindes trigueros a la región. La buena noticia es que podría revertirse, pero hace falta agua. El cambio de estrategia en la fertilización, desdoblar la fertilización esperando a que bajen los fertilizantes, se ha encontrado con la limitante de la falta de agua. “La estrategia era gambetear el enorme costo de la urea y usar dosis base de fertilizante mínimas con potenciales correcciones sobre el transcurso del ciclo”, explican los técnicos. “El rinde potencial lo definiremos entre agosto y principios de septiembre si las condiciones climáticas y de mercado lo permiten”, resumen en La Carlota y Arias. Desde Cañada de Gómez dicen que el rinde inicial al que se apunta es menor que hace un año: 40 qq/ha vs. 50 qq/ha. “La expectativa está en corregir las dosis de nitrógeno si los precios bajan y si las condiciones climáticas son apropiadas”. Desde el Trébol explican que puede haber una alta demanda de fertilizantes si durante julio llueve de 10 a 15 mm y si continúa la baja en los precios de los fertilizantes: “habrá muchos productores que corrijan la fertilización”. En Bigand enfatizan que “la corrección va de la mano de las lluvias que tengan lugar más allá de los precios en los fertilizantes”.  “Este año apuntamos a un rinde potencial de 35 qq/ha en los lotes con perfiles más ajustados de agua y entre 40 a 45 qq/ha en donde hay más humedad. En 2021 el rinde potencial era de 45 qq/ha”.

BCR News

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¿Cuánto se debió invertir en Argentina para la siembra 2021/22?

17/06/2022 – La inversión realizada para la siembra de los principales granos de Argentina presentó un fuerte incremento en el ciclo 2021/22 alcanzando los US$ 13.500 millones. Además, la participación del maíz dentro de este monto superó a la de la soja.

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En el contexto internacional se han generado presiones sobre los costos de los insumos esenciales para la producción agrícola y Argentina no fue ajena a esta situación. No sólo se presentó una tendencia alcista en los valores de los fertilizantes por las complicaciones que generó la pandemia de COVID-19, sino que en el último tramo también se registraron subas por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. No obstante, se debe aclarar que este último efecto se dio temporalmente fuera del período en el que se considera que se han obtenido las mercaderías necesarias para la siembra de los granos locales del período 2021/22, puesto que corresponden a cultivos cuyas implantaciones se dieron previo a febrero del 2022. 

El presente artículo utiliza la metodología presentada en el artículo de la campaña 2021/22 y analiza la evolución histórica de los costos de siembra, pulverización e insumos que se aplicaron en el ciclo que aún estamos transcurriendo.

Inversión total:

Luego del descenso del 14% en términos de inversión que había implicado la campaña 2020/21 respecto al ciclo previo, los US$ 10.240 millones que se invirtieron en ese entonces sentaron una base que sirve para resaltar el fuerte incremento que se requirió para generar los granos en este 2021/22 puesto que los US$ 13.500 millones que se desembolsaron implican una suba del 30,5% de incremento entre los últimos 2 períodos comerciales, siendo el mayor registro histórico.

Para obtener este resultado, se creció tanto en requerimiento de US$ por hectárea como en superficie sembrada. El primero de estos aspectos, tal como se comentó en la introducción, tuvo cotizaciones alcistas entre campañas pasando de US$ 294,9/ha a US$ 375,6/ha en lo que refiere a la siembra, pulverización e insumos. Este guarismo también implica un récord para la serie, cuyo máximo se había dado en la campaña 2019/20 con US$ 334,8/ha, mientras que en los años previos se había encontrado por encima de los US$ 300/ha. El segundo de los factores explicativos de este récord de inversión se da en la extensión que se dedicó a la producción agrícola en nuestro país y, más puntualmente, a los 6 cultivos principales (soja, trigo, maíz, girasol, sorgo y cebada). El crecimiento de la superficie sembrada entre el 2020/21 y el 2021/22 es del 2,5%, implicando un total de 35,6 M ha, registrándose de esta forma el récord histórico para el área destinada a estos cultivos en conjunto. 
 

Costos por cultivo:

La evolución de la necesidad de inversión obviamente depende de qué es lo que se esté sembrando. Cada uno de estos cultivos tiene costos por hectárea diferentes y cada decisión de producción impactará en desigual proporción dependiendo de qué grano se busque producir. Asimismo, la tendencia general de los costos de los insumos necesarios en este ciclo ha sido claramente alcista, superando en todos los casos a los US$/ha del año pasado. En este sentido, el maíz tardío y el sorgo fueron los segmentos que más vieron crecer sus costos de siembra, con 44,3% y 42,8% respectivamente. No obstante, puede afirmarse que sin importar cuál de estos cultivos se haya elegido producir, las erogaciones necesarias para la siembra de los granos en todos los casos han sido superiores a los del ciclo 2020/21.
 

Evolución de la superficie de los cultivos:

En los últimos años se presentó una caída en la superficie argentina donde se siembra soja y el ciclo 2021/22 continuó esta tendencia. De hecho, esta campaña alcanzó la menor superficie total desde la campaña 2005/06 y muy por detrás de las 20,3 M ha que se sembraron en el período comercial 2014/15. Por otra parte, debe destacarse que la proporción entre la soja de primera y la de segunda también continuó con la tendencia que ha mostrado en las últimas campañas, teniéndose una caída en la soja de primera y un aumento en la de segunda. En este sentido, la siembra de oleaginosa que se realiza tras la cosecha de los cultivos de invierno ha ganado participación de manera casi constante en los últimos años, alcanzando el equivalente al 34% de la superficie de la soja en la última campaña, mientras que en el ciclo previo esto alcanzaba el 32%. Asimismo, se debe destacar que en el período 2016/17 la participación era del 24%.

Asimismo, tal como sucedió en el ciclo 2020/21, se dieron incremento en las áreas sembradas del maíz y del trigo. En este sentido, el primero de estos cereales tuvo un incremento cercano al 14%, mientras que el segundo cultivo mencionado creció en un 6%. En efecto, en esta última campaña también aumentaron su superficie el girasol y la cebada, 11,5% y 10,2% respectivamente. Por el contrario, la soja (-4,7%) y el sorgo (-8,7%) fueron los únicos dos cultivos que redujeron superficie total, aunque esta caída haya sido más que compensada por las subas antes mencionadas. 

Participación del maíz en la inversión total:

Teniendo en cuenta las variaciones presentadas sobre los costos individuales y las áreas destinadas a los cultivos podemos inferir la participación de cada uno sobre los US$ 13.500 millones que se invirtieron para la siembra de la actual campaña. El maíz, representó el 38,5% de la inversión total (+5 puntos porcentuales) y pasó a ser el cultivo con mayor participación superando por primera vez a la soja que se posicionó en segundo lugar con un 33,2%, 6,5 puntos porcentuales por debajo del desempeño de la campaña 2020/21. Para detallar un poco más esta evolución, podríamos decir que el maíz generó 13,4 puntos porcentuales más que en la campaña 2016/17, mientras que la soja representó 17,6 puntos porcentuales menos que en dicho ciclo. Por otra parte, el trigo aumentó su participación respecto a la campaña pasada en poco menos de un punto porcentual, mientras que el girasol lo hizo en medio punto porcentual. Por su parte, el sorgo y la cebada prácticamente no variaron en su participación sobre las erogaciones para la siembra nacional. 

Finalmente, se debe mencionar que en términos absolutos todos los cultivos incrementaron su nivel de inversión para esta campaña. En este sentido se destaca que tanto la soja como el sorgo, que tuvieron descensos en las áreas destinadas a su producción, aumentaron sus montos como consecuencia de las subas de costos, contribuyendo a alcanzar los US$ 13.500 millones invertidos en la siembra de la campaña 2021/22.

Di Yenno Federico – Lugones Alberto – Terre Emilce
BCR

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Tres décadas de trabajo enfocado en minimizar el impacto de la erosión

16/06/2022 – En San Luis, un equipo de investigación del INTA cuantificó el suelo se pierde por erosión hídrica y eólica en dos cultivos: soja y maní. Resultados preliminares determinaron que la incorporación de cultivos de cobertura –en los esquemas productivos– redujo entre un 50 y un 70 % las tasas de erosión.

https://www.profertil.com.ar/

En la Argentina, alrededor del 75 % del territorio se compone de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. Este porcentaje ubica al país como uno de los que posee mayor superficie en riesgo de sufrir estos procesos. La desertificación –degradación de tierras secas– constituye uno de los mayores problemas ambientales. En este sentido, el INTA San Luis –junto con una red de organizaciones científico-tecnológicas y políticas– participa del Observatorio Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación (ONDTyD), con el fin de proveer información sobre el estado, las tendencias y riesgos de la degradación de tierras y la desertificación para elaborar recomendaciones referidas a la prevención, control y mitigación.

Juan Cruz Colazo –especialista en manejo y conservación de suelos del INTA San Luis– expresó que “entre los procesos de degradación de suelos, tanto la erosión eólica como hídrica, la pérdida de carbono orgánico, la reducción de la fertilidad química y física y la pérdida de la biodiversidad son los aspectos más relevantes”.

En San Luis, los suelos son muy susceptibles a la erosión. Por esto, Colazo junto con un equipo de investigadores instaló parcelas para la medición y cuantificación de los procesos de erosión hídrica y eólica. Datos obtenidos en el sitio piloto Cuenca del Morro, luego de un cultivo de soja, demostraron que la incorporación de cultivos de cobertura –en los esquemas productivos– redujo entre un 50 y un 70 % las tasas de erosión. “Estos resultados coinciden con resultados previos en la provincia, cuando el cultivo de cobertura es implantado luego del arrancando de maní”, señaló.

Además de los procesos tradicionales de erosión superficial de suelos, la cuenca del Morro sufre procesos particulares de erosión sub-superficial que, en situaciones extremas, desencadenan la aparición de cursos permanentes de agua, como el río Nuevo, producto de un desbalance hidrológico. “Para revertir los procesos de desbalance hidrológico es importante monitorear la evolución de los niveles freáticos y su calidad, relacionados con diferentes usos de la tierra”, indicó Colazo quien aseguró que “la inclusión de pasturas perennes frente a cultivos agrícolas ha demostrado que son más efectivas para controlar los ascensos freáticos, en comparación con los cultivos anuales”.

El sistema de monitoreo del ONDTyD constituye una herramienta fundamental ya que permite detectar la tendencia del suelo a la degradación y así proporcionar alertar tempranas. El Observatorio cuenta con 24 sitios pilotos distribuidos en todo el territorio nacional. “Este sistema nacional de evaluación y monitoreo de tierras se basa en un abordaje integral, interdisciplinario y participativo, que, de manera continua, y gracias a la recolección, análisis e información cuantitativo y cualitativa que generan, acompañan la toma de decisiones y sirven como referencia ambiental”, agregó el especialista del INTA.

INTA

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Desarrollan herramienta para decidir sobre el uso de pesticidas

15/06/2022 – Una vez aplicados, los fitosanitarios pueden moverse y afectar a diversos organismos. Este desarrollo de la FAUBA informa el riesgo ambiental que implica utilizar estos productos.

https://peugeot.pourtauesprit.com.ar/planes

Los fitosanitarios se aplican en los lotes para controlar plagas o malezas. Sin embargo, se pueden mover hacia otros lugares y afectar plantas, insectos y personas. Esto depende, entre otros factores, del producto, de cómo se aplica y de las condiciones ambientales al momento de usarlo. En este marco, un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) diseñó un modelo de simulación que permite pronosticar el riesgo que tendría para el ambiente la aplicación de fitosanitarios. La herramienta permite identificar los momentos, tecnologías y productos que generan un mayor riesgo ambiental, y así, con esa información, tomar decisiones agronómicas de menor impacto. La app es gratuita y de libre acceso.

“Los agroquímicos son insumos muy importantes que se usan en la producción agropecuaria, y a su alrededor hay muchos debates. Principalmente, se centran en los productos fitosanitarios que buscan controlar malezas, plagas y enfermedades que reducen la calidad y el rendimiento de los cultivos. Si bien se aplican para afectar a un ser vivo determinado, es común que también alcancen y tengan efectos nocivos en otros organismos como insectos, aves y personas”, comentó Rodrigo de Paula, docente de Cerealicultura en la FAUBA.

“En las últimas décadas aumentó tanto el uso de fitosanitarios como la percepción de la población sobre los riesgos de utilizarlos. Un sector de la sociedad los percibe como amenazas a los ecosistemas y a la salud, y otros los perciben como herramientas fundamentales para la producción. Es un problema muy complejo”, afirmó de Paula.

En este marco, el investigador diseñó una aplicación que predice el riesgo ambiental que tendría aplicar pesticidas. Este instrumento tiene en cuenta el producto a aplicar, de qué forma se lo aplicaría, el pronóstico meteorológico y las características del suelo en el lote. “El riesgo se muestra como un valor entre 0 y 1. El 0 representa el riesgo mínimo, y el 1, el máximo”, explicó Rodrigo a partir del estudio que publicó en la revista Science of The Total Environment junto con Diego O. Ferraro, docente de Cerealicultura en la FAUBA e investigador del CONICET.

La herramienta, llamada PRORIPEST, tiene en cuenta posibles impactos en el agua superficial y subterránea, en el suelo, en el aire, y también expresa el peligro ecotoxicológico para insectos, mamíferos y peces. Como se vincula con pronósticos meteorológicos, es capaz de predecir el riesgo ambiental tres días antes de la aplicación. De esta manera, posibilita saber cómo reducir los riesgos de una aplicación particular.

Montados en el aire

Con referencia a los valores de riesgo en el aire, De Paula señaló que los fitosanitarios salen de los agroecosistemas de diferentes maneras, y pueden viajar grandes distancias. “El producto activo se diluye en un líquido, y esta solución es la que se aplica. La deriva se da cuando las gotas no llegan al organismo objetivo y se van del lote arrastradas por el viento. La volatilización ocurre cuando la molécula del principio activo ‘deja la gota’ y pasa a la atmósfera como gas. Un proceso análogo a la evaporación”.

El modelo de Ferraro y de Paula logró identificar los procesos y variables que maximizan o minimizan los riesgos de deriva y volatilización. “Las variables que más inciden en la deriva son la temperatura, la humedad relativa, la velocidad del viento, el tamaño de gota que se aplica y si se emplearán equipos aéreos o terrestres. En cuanto a la volatilización, los factores más importantes son la volatilidad propia del compuesto químico a usar, la temperatura, la velocidad del viento y la humedad ambiente. También influye todo lo que afecte la interacción entre el producto y el suelo, como la vegetación”, resaltó de Paula.

El valor de riesgo que brinda el modelo permite que los usuarios identifiquen situaciones en las que no conviene aplicar porque la probabilidad de deriva o volatilización puede ser muy alta.

Decidir con miras en el ambiente y las personas

De forma simultánea, PRORIPEST anticipa condiciones que aumentan el riesgo sobre el agua y el suelo, como pueden ser lluvias intensas, suelos con mucha pendiente o de textura arenosa, o tecnologías inadecuadas para aplicar los productos. Así, es posible elegir el momento para aplicar, pensar en cambiar la tecnología de aplicación o, incluso, cambiar el producto por otro que implique menos riesgo. Esta herramienta permite plantear diversos escenarios sin tener que experimentar con pesticidas.

Por su parte, Ferraro remarcó el papel que ocupan los organismos públicos de ciencia y técnica en el debate de los pesticidas. “Las universidades, el CONICET y el INTA son independientes de las empresas que comercializan fitosanitarios y de otros actores agropecuarios. Pueden analizar de manera objetiva la información que generan con modelos y experimentos. Además, forman profesionales capaces de entender cómo funcionan los ecosistemas, un tema complejo y central para el país”.

“Nuestra herramienta es útil como insumo para las empresas agropecuarias que quieran incorporar la dimensión ambiental a sus decisiones. También puede ser útil a productores y aplicadores, a investigadores, a docentes y a cualquiera que le interese saber qué pasaría con los fitosanitarios en el ambiente”, agregó de Paula.

Y para finalizar, contó que la herramienta es libre y gratuita, que requiere acceso a internet y que se puede usar tanto desde la computadora como del celular. “Nos llegaron muchas devoluciones y sugerencias para mejorarla. Seguiremos trabajando en ello”.

Sebastián M. Tamashiro
Sobre La Tierra (SLT-FAUBA)

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Aapresid alerta que sigue cayendo la adopción de siembra directa en Argentina

15/06/2022 – En la campaña 20/21, la Bolsa de Cereales había dicho que la caída fue de un 3% respecto a la campaña anterior. “Si hoy midiéramos, creemos que ese porcentaje puede ser mayor”, aseguró el presidente de Aapresid, David Roggero.

https://www.nitrap.com.ar/

Desde hace un tiempo, la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) viene alertando sobre el incremento de superficie labrada en el país. De acuerdo al último informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el porcentaje de adopción de siembra directa disminuyó en un 3% en la campaña 2020/21 en comparación con la anterior. “Si hoy midiéramos, creemos que ese 3% puede ser mayor“, alertó David Roggero, presidente de Aapresid, en una entrevista con Agroclave.

Entre los motivos que llevan a los productores argentinos a elegir la técnica de labranza por sobre la siembra directa, Roggero mencionó la problemática de las malezas, la compactación y la comparación entre el costo de los insumos y el uso de combustible.

“Si el problema son las malezas, hace más de 10 mil años que el hombre hace agricultura y hace 10 mil que no pudo combatir las malezas con labranza. Difícilmente, haciendo lo mismo, vamos a generar un cambio”, lanzó. “Haciendo labranza, aumentamos la temperatura del suelo y dejamos abierto el banco de semillas para que nazcan más malezas”, agregó.

En cuanto al problema de compactación, desde Aapresid vienen promoviendo la agricultura siempre verde. “A través de las raíces, se puede lograr la descompactación del suelo, sin tener que llegar a una labranza”, insistió Roggero.

Si el problema son las malezas, hace más de 10 mil años que el hombre hace agricultura y hace 10 mil que no pudo combatir las malezas con labranza. Difícilmente, haciendo lo mismo, vamos a generar un cambio”

Si bien reconoció que hay algunas “situaciones extremas en las que probablemente se justifique una labranza”, el presidente de Aapresid fue enfático en remarcar que “la labranza no debería ser la primera alternativa para solucionar el problema”.

Opinión vs. Ciencia

Roggero se refirió también al rol clave de Aapresid en cuanto a tender puentes en materia de comunicación e información con sustento científico. “Hoy cualquier persona tiene acceso y puede compartir lo que piensa, aunque no tenga sustento más que en la propia creencia. Desde Aapresid promovemos apoyarnos en la ciencia y buscamos ser nexo, ahí está nuestro rol. Estamos convenidos de que es la ciencia la que debe darnos las respuestas, y no el parecer del productor”, aseguró.

Un congreso a pura presencialidad

Este año vuelve el Congreso Aapresid 100% presencial. El evento tendrá lugar desde el miércoles 10 y hasta el viernes 12 de agosto en el Complejo Metropolitano de Rosario. “Volvemos a la presencialidad plena, al formato original tan pedido por empresas, productores y dirigentes”, destacó Roggero.

Este año, el lema del congreso es “A Suelo Abierto”, una nueva apuesta de la entidad para llamar la atención, como lo viene haciendo año tras año. “Si bien puede parecer que se trata de un lema a favor de la labranza, está muy lejos de eso. El camino es la no labranza. La idea es abrir el suelo para conocerlo. Del suelo para arriba conocemos mucho y tenemos muchas respuestas; sin embargo, abajo tenemos muchas incógnitas. El objetivo es abrir el suelo desde el desconocimiento para ver como cuidarlo y mejorarlo”, cerró el presidente de Aapresid.

Agroclave

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