¿Qué tiene de especial la impronta ambiental de la agricultura argentina?

15/12/2020 – Mientras la huella del sector agrícola en la naturaleza se hace cada vez más profunda, Esteban Jobbágy, docente de la FAUBA y la UNSL, brinda su visión de los aspectos clave para generar sistemas de producción más productivos y sustentables.

A partir de la primera mitad de los 2000, el consumo global de granos sufrió un aumento sin precedentes en la historia, impulsado por una población que crece y, además, come más productos animales. Hoy, la Argentina es uno de los principales países exportadores de soja gracias al aumento del área cultivada y de los rendimientos en la llanura Chaco-Pampeana. ¿Cuáles son las huellas de este proceso en el ambiente? ¿Es la misma impronta que tiene la agricultura en todo el mundo? ¿Cómo se puede mejorar la sustentabilidad de nuestros agroecosistemas? Esteban Jobbágy, profesor de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y de la Universidad Nacional de San Luis, brinda su visión acerca de la impronta de la expansión sobre la naturaleza y señala aspectos clave para generar sistemas más productivos y sustentables.

“Al intentar sintetizar las marcas que los sistemas agrícolas del mundo dejan en el ambiente, en particular los de producción de granos, sorprende ver que en la Argentina, sistemas de cultivo en principio parecidos a los de otros países productores de granos —EE.UU., Europa, India y China, entre otros— impactan en la naturaleza de formas muy distintas. A menudo, lo que colectivamente sabemos del tema se tiñe con el aporte de redes y medios que sugieren una huella global común para la agricultura. Pero nuestros sistemas agrícolas tienen características propias que es fundamental comprender si los queremos mejorar”, afirmó Esteban Jobbágy, docente del Departamento de Métodos Cuantitativos y Sistemas de Información de la FAUBA e investigador del CONICET.

Jobbágy destacó que la Argentina —junto con Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia— se transformó en ‘granero proteico del mundo’ produciendo la soja que hace posible el creciente consumo global de aves y cerdos. “¿Cómo fue que lo logramos? —se preguntó el investigador—. Por un lado, en las últimas tres décadas triplicamos el área agrícola; por el otro, los rendimientos por hectárea también crecieron en casi un 60%, lo que totaliza cerca de 5 veces más producción. En el mundo hay poquísimos ejemplos de un aumento de tal magnitud. Desde lo ambiental, la expansión del área cultivada desplazando bosques y otros ecosistemas es el tema más discutido, pero representa sólo una parte de los impactos en el ambiente”.

“A mi modo de ver, en los mayores ‘graneros del mundo’ existen dos formas de hacer agricultura según la cantidad de insumos y la estrategia productiva que se persigue. Los países que mencioné antes apoyan el riego y la fertilización de alta intensidad, incluso bajando el precio de la electricidad para el agro, como hace la India, buscando maximizar la producción total. A esta forma la llamo opulenta, y aclaro que no tiene nada que ver con la forma de vida de sus sociedades”, dijo Jobbágy, y añadió. “A la forma de producir en la Argentina me gusta llamarla mezquina por el mínimo nivel de insumos que usamos, que busca reducir los costos y riesgos de la producción antes que maximizarla. También debo aclarar que no me refiero a la forma de ser de los productores, sino al sistema de producción”.

“Una de las formas de achicar costos es fertilizar poquito, y una forma de fertilizar poquito es usar una leguminosa como la soja —que fija nitrógeno de la atmósfera—, no regar y tratar de vivir de la lluvia y de la fertilidad del suelo mientras se pueda. Así funciona nuestro sistema”, explicó.

Impactos ambientales de una forma distinta de producir

Jobbágy señaló que la baja fertilización de la Argentina tiene una contracara para el ambiente. “Aunque la soja, nuestro cultivo principal, no necesita que apliquemos nitrógeno porque lo captura del aire, sí requiere fósforo del suelo. Y así como la India posee la pérdida de agua subterránea más alta del planeta debido al riego, nosotros tenemos la pérdida más grande del mundo en cuanto a fósforo del suelo”. Esteban agregó que de esta manera, los suelos disminuyen su capacidad productiva campaña tras campaña. Nuestro sistema todavía lo permite, pero la fertilidad se está reduciendo a una velocidad preocupante.

“Una de las caras más interesantes de esta forma de producir que yo llamo mezquina es lo que le pasa al agua. Así como la India, China y EE.UU. están consumiendo agua subterránea más allá de la capacidad de renovación, la Argentina tiene un sistema agrícola que apuesta a un uso conservador del agua de lluvia, buscando una mayor seguridad ante sequías. Como resultado, nuestros sistemas generan excedentes muy grandes —‘sobra’ agua—, y esta es una de las razones por las que las llanuras de la Argentina se inundan cada vez más”.

“El uso conservador del agua se apoya en el alto uso de herbicidas, pilar fundamental de la agricultura bajo siembra directa, particularmente cuando se apuesta a un solo cultivo al año. Hay que aplicar herbicidas repetidamente para que las malezas no le ‘roben’ el agua a ese cultivo, y así nos fuimos transformando en los campeones mundiales de la aplicación de estos agroquímicos. Ningún otro granero del mundo usa tanto como nosotros, ya sea por tonelada producida o por hectárea. De hecho, EE.UU. emplea entre 3 y 4 veces menos. Y es probable que este sea el punto más sensible para la sociedad”, puntualizó Esteban.

Según Jobbágy, cada vez más personas visualizan con temor el uso de agroquímicos y, además, descreen que la renta que genera la agricultura se traduzca en el bienestar del pueblo. Mientras la población argentina se concentra mayormente en las ciudades, la fracción vinculada al quehacer agropecuario decreció notablemente porque la agricultura está cada vez más automatizada y concentrada en menos productores. Los agentes que trabajan de forma directa en la producción agrícola decrecen año a año, y una consecuencia de esto es que la fuerza del vínculo de la sociedad argentina con el sector va perdiendo el vigor de antaño.

Más puentes y menos grietas

“Hace 150 años, la agricultura representaba el 90% del PBI global. Hoy es apenas el 3%. La producción agrícola se volvió invisible en la economía y en la cultura. En aquellos tiempos, casi cualquier persona que te cruzabas caminando por ahí era agricultor o estaba cerca de la actividad. Los pueblos de la gran llanura pampeana eran de agricultores, pero dejaron de serlo, perdieron el vínculo con la actividad y hoy ven en la agricultura más una amenaza que un modo de vida. Por ejemplo, visualizan con temor a los agroquímicos y desconfían de que la renta que genera la agricultura regrese en obras y servicios al pueblo. Esto, obviamente, tiene aspectos técnicos, económicos y, sobre todo, políticos”, afirmó el docente.

“Quienes somos agrónomos y trabajamos en los sistemas agrícolas tenemos mucho que hacer para tender puentes y lazos, y que la gente se interiorice más de cómo funcionan los sistemas agrícolas, de los problemas ambientales que generan y de las formas de amortiguarlos. Aunque es importante estar al tanto de los impactos globales de la agricultura, más importante es saber que los sistemas agrícolas de la Argentina tienen una característica propia y una razón de ser muy particular. Son así por una historia extractiva de siglos. Ojalá que podamos pedirle a la agricultura que produzca un poco más y que, a la vez, sea mucho mejor con el ambiente. Para eso tenemos que conocerla mejor, aquí, en casa”, sostuvo Jobbágy a modo de cierre.

Pablo Roset
Sobre La Tierra (SLT-FAUBA)

Ver Más

Cebada: la clave para el crecimiento de la Argentina

14/12/2020 – El 94% de la producción de cebada se concentra en la provincia de Buenos Aires, y este cereal se caracteriza por ser el ingrediente principal de la cerveza, determinando el color, el aroma, el gusto, la apariencia, y, además, le da las proteínas que conforma el cuerpo y la espuma.

Durante el mes de junio, se sembraron aproximadamente 900.000 Ha a nivel nacional de cebada y lo que se cosechará en diciembre, según la Bolsa de Cereales en la temporada 2020/21 se estima en 3,75 millones de toneladas frente a 3,5 millones de toneladas de la cosecha anterior.

La Argentina se destaca por su producción de cereales en el mundo; siendo el complejo cebada-malta-cerveza, integrado en la agroindustria cervecera el 1,6% del total de exportaciones, alcanzando 1.029 millones de dólares, según el informe realizado por el INDEC sobre los complejos exportadores del 2019.

En lo que se refiere a la comercialización nacional de la cebada de la temporada 2020/20221, se observa un gran dinamismo en las compras del sector exportador de cebada cervecera. Las exportaciones son básicamente países de América del Sur. No obstante, la Cámara de la Industria Cervecera Argentina trabaja con el Consejo Agroindustrial Argentino y con el Consejo Público-Privado de promoción de exportaciones, con el objetivo de ser más competitivos y poder llegar a más mercados con cebada, malta y cerveza.

El Director Ejecutivo de la Cámara de la Industria Cervecera Argentina, Alejandro Berlingeri, aseguró “cada año la cebada en nuestro país sigue dando que hablar entre los productores locales; así como también entre los compradores internacionales del cereal. La Argentina ha demostrado la vocación de los productores, y el valor que otorga la exportación de la agroindustria cervecera que genera importantes ingresos de divisas para la Argentina. Cada cosecha anual ha superado a la anterior, a pesar del contexto; la producción de cebada ha crecido con el correr del tiempo, pisando con más fuerza en nuestro país y otorgando grandes beneficios a los argentinos. Desde Cerveceros Argentinos nos apasiona el poder de nuestra cadena de valor y estamos orgullosos de producir cebada, malta y cerveza. Desde el campo, hasta el punto de venta, esta cadena agroindustrial emplea casi 130.000 personas entre directos e indirectos. El entramado logístico y de producción tanto para el consumo interno como para el exterior generan empleo argentino que no podemos perder.”

Ver Más

Investigan las causas detrás de los desmontes ilegales en el Chaco Seco argentino

En esta ecorregión, casi la mitad de la deforestación ocurre en áreas protegidas por la Ley de Bosques. Un estudio de la FAUBA indagó en quienes lo realizan ilícitamente y señaló que su posición social, política y económica influye en cómo y en cuántas hectáreas degradan.

Tras la sanción de la Ley de Bosques en 2007 se redujeron los desmontes a nivel nacional, pero en ciertas provincias se siguen perdiendo ecosistemas boscosos a gran velocidad. Tal es el caso de Santiago del Estero, Salta y Chaco, donde entre 2009 y 2016 se deforestaron de manera ilegal 750.000 hectáreas, equivalentes a 36 veces la superficie de CABA. Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) abordó 89 casos de desmontes que violaron la Ley de Bosques en el Chaco Seco argentino y encontró que las características de quienes deforestan, como su capital económico y sus vínculos políticos, tienen una influencia fuerte sobre la magnitud y la forma en que se produce la tala ilícita de bosques.

“La Ley de Bosques se sancionó en el año 2007 para reducir los desmontes en la Argentina. Si bien se logró en términos generales, se siguen perdiendo bosques a un ritmo muy preocupante. La normativa autoriza la deforestación en determinadas zonas y la prohíbe en otras. En este marco, los desmontes ilegales representan una gran proporción de la deforestación total en ciertas regiones del país, como en el Chaco Seco Argentino”, señaló Daniel Blum a partir de su tesis de grado de la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la FAUBA, dirigida por Matías Mastrangelo, investigador del Conicet, y bajo la tutoría de Sebastián Aguiar, docente de las cátedras de Ecología y Dasonomía de esa Facultad.

La ecorregión del Chaco Seco es una de las áreas forestales más extensas del país. Desde hace décadas, sus bosques se encuentran bajo una gran presión. El avance de la actividad agropecuaria es la principal causa. En las provincias de Salta, Chaco y Santiago del Estero, alrededor del 50% de los desmontes entre 2009 y 2016 fueron ilegales. La investigación de Blum profundizó en las causas que subyacen a las deforestaciones y se enfocó especialmente en las características de quienes las realizan.

Blum estudió 89 casos de deforestación ilegal que implicaron la pérdida de casi 150.000 hectáreas de bosque nativo. Para ello se basó en boletines oficiales de las provincias involucradas, documentos de las direcciones de bosques provinciales y de la Auditoría General de la Nación, denuncias e informes de ONG, noticias periodísticas que reportaron desmontes ilegales y entrevistas a informantes clave.

Entre los principales resultados de la investigación, se encontró una relación estrecha entre las deforestaciones y la posición social, económica y política de los propietarios de las fincas afectadas, a lo que se denominó ‘poder’. “Definimos este concepto a partir de tres variables: el capital económico, el vínculo con funcionarios públicos y el origen geográfico del agente. Aquellos con niveles intermedios o altos de poder tenderán a desmontar áreas boscosas más grandes. El poder de quien desmonta ilegalmente tiene más influencia en cómo y cuánto se deforesta que las condiciones agroclimáticas de la zona”, resaltó Blum.

“Muchos trabajos científicos sobre las fronteras agropecuarias del mundo asumen que el productor avanza sobre bosques que tienen las mejores condiciones agronómicas para maximizar los rindes”, afirmó Mastrangelo, quien también es docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata, y agregó: “Sin embargo, la realidad es más compleja. Por ejemplo, en el Gran Chaco se deforestan superficies con suelos pobres y pocas lluvias para especular en el mercado inmobiliario. Los actores más poderosos compran tierras, las deforestan y esperan a que aumente su valor para venderla. Una hectárea desmontada vale más del doble que una con bosque”.

La decisión de las provincias

En el período estudiado, otro de los factores que más influyeron en la forma en que se desmontó fue el marco normativo de cada provincia. Aguiar, quien también es investigador del Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección (FAUBA-Conicet), explicó: “Al sancionarse, la Ley de Bosques alcanzó a todo el territorio nacional. Luego, cada provincia realizó una zonificación y clasificó los bosques en tres categorías de conservación. Los criterios que se usaron para implementar la ley en los territorios fueron muy diversos y así también su cumplimiento”.

Según Daniel Blum, en cada provincia se dieron procesos ilegales particulares. “En 2010, en Salta se habilitó la recategorización de bosques por medio de un decreto. Los que estaban ‘pintados’ de color rojo o amarillo —es decir, considerados de mediano o alto valor de conservación— se los pasó a color verde, con lo cual se pueden desmontar luego de una audiencia pública. Aunque la Ley de Bosques no permite reducir la categoría de protección, en las tres provincias, el 61,6% de los desmontes ilegales sucedieron tras recategorizaciones”.

“En Santiago del Estero, ante la baja fiscalización de la Ley, simplemente se avanzó sobre zonas en las que se prohibía la deforestación. Incluso, se incumplieron las audiencias públicas y los estudios de impacto ambiental requeridos para desmontar en zonas permitidas. El 32,6% de los desmontes ilegales en nuestra región de estudio fueron de este tipo”. En este sentido, Blum sugirió que para entender la problemática de manera integral es necesario considerar las particularidades de cada provincia.

El bajo cumplimiento de la Ley

En un trabajo publicado en la revista científica Ecología Austral, Sebastián Aguiar y otros investigadores analizaron las debilidades de la Ley de Bosques. “Entre otras cuestiones a mejorar en la implementación de la Ley se puede marcar que durante el proceso de zonificación de los territorios provinciales se consultó muy poco a los actores sociales locales, ya sea a grandes productores capitalizados, a pequeños productores familiares o a comunidades campesinas y originarias”.

Asimismo, Aguiar destacó que la legitimidad es un punto central para que se cumpla un instrumento de gobernanza ambiental como la Ley de Bosques. “Hay que mejorar la participación de diferentes sectores de la comunidad local en los procesos de actualización de los ordenamientos territoriales, que por Ley se deben realizar cada 5 años. Si la norma afecta a actores sociales que no fueron consultados previamente y que no están de acuerdo con ella, es muy probable que muestren poco interés en cumplirla. De tal manera, la efectividad de la ley será menor”.

Por su parte, Mastrangelo sostuvo que para muchos organismos de Ciencia y Técnica, el diseño de esta Ley es muy bueno en comparación con otras normativas internacionales similares. “Aun cuando existen problemas de implementación, cambiar o reemplazar la Ley de Bosques puede tener costos mayores para los bosques nativos. Es necesario pensar y mejorar cómo se implementa. Estudios como el de Blum ayudan a visibilizar esta problemática a través de la investigación científica”.

Ordenar con impactos locales, regionales y globales

Los desmontes ilegales son un problema histórico y continuaron incluso durante la pandemia de Covid-19. Mastrangelo indicó que el avance de la frontera agropecuaria busca maximizar el servicio ecosistémico de la provisión de granos o de carne y degrada otros como la polinización, el control biológico de plagas o la regulación del clima. “Las poblaciones locales también pierden el acceso a tierras que además de proveerles servicios culturales, representan su sustento de vida”.

A su vez, Aguiar remarcó que en un contexto de crisis ambiental como el actual hay que planificar el uso del territorio con intereses múltiples, es decir, pensar en la producción de alimentos o commodities, y también incluir la conservación de la biodiversidad y la regulación climática e hidrológica. “Si el Estado no dirige y regula el manejo de los territorios, se corre el riesgo de que lo definan los grupos concentrados del sector rural. Cuando esto ocurre, hay más chances de que se apropien de una gran parte de los beneficios del cambio en el uso de la tierra y, al mismo tiempo, al socializar los costos, afectan a los actores sociales más vulnerables que dependen del bosque”.

“Los problemas ambientales tienen impactos locales, regionales y también globales. Lo vemos con la pandemia y el cambio climático”, advirtió Blum, y reflexionó: “Violar la Ley de Bosques no tiene implicancias penales, sino sanciones económicas. Esto parecería no desalentar la deforestación ilegal. La norma se sancionó bajo una fuerte presión de la sociedad civil organizada. Tal vez haya que hacer lo mismo para que se cumpla. Entre otros puntos, es clave fortalecer los mecanismos de control que realizan las instituciones provinciales competentes”.

Sebastián M. Tamashiro
Sobre La Tierra
(SLT-FAUBA)

Ver Más

Soja: Que conclusiones podemos sacar de las nuevas medidas

¿La industria aceitera necesita el diferencial?

Si observamos el cuadro 1 vemos que a pesar de que a partir del agosto del 2018 se sacó el 3 % de diferencial entre el poroto y los subproductos de soja, las compras de la industria (hasta el 30 de septiembre de los años estudiados) fueron similares a años anteriores. Por lo contrario, este año compró en proporción más soja que la exportación.

Cuadro 1: Porciento de compra de la industria aceitera del total

Compras al 30 de setiembre de20162017201820192020
Industria (Tn)25.98527.47224.44626.47424.377
Exportación (Tn)10.8279.2677.38910.1127.865
Compra total (Tn)36.82236.73931.33536.58632.242
% Industria70,5674,7776,7872,3675,60
RetencionesC/diferencial 3 %C/diferencial 3 %C/diferencial 3 %S/diferencialS/diferencial

Ingreso extra de la Industria aceitera

Con este nuevo esquema de derecho de exportación del complejo sojero (2 % de diferencia entre el poroto y subproductos), teniendo en cuenta la soja que falta comercializarse de la campaña 2019/20 (cuadro 2), el sector productivo hará una transferencia de U$S 154 millones.

Producción de soja campaña 2019/20 (Mill.Tn)51.500
Ventas al 30 de setiembre de 2020 (Mill.Tn)32.242
Stock a vender de la campaña 2019/20 (Mill.Tn)19.258
Dólares que faltan de ingresas de la campaña 2019/207.703
Transferencia de dinero del sector primario al industrial (U$S)154,06
 Cuadro 2: Transferencia de dinero de la producción primaria a la industria

Patrón de venta de la producción

Si observamos el cuadro 3 donde relacionamos las ventas con la producción con excepción del año 2018 donde hubo una baja producción, la relación de venta está entre el 62% y 67 % para esta misma época del año.  

Cuadro 3: Ventas de soja en relación a la producción

Compras hasta 30 de setiembre de c/año20162017201820192020
Industria (Mill.tn)25.98527.47224.44626.47424.377
Exportación (Mill.tn)10.8279.2677.38910.1127.865
Totales(Mill.tn)36.82236.73931.33536.58632.242
Producción (Mill.tn)58.50054.50037.80055.30051.500
% Venta62 %67 %82 %66 %62 %

Esperando los dólares de la soja

Si Calculamos la diferencia entre la soja producida (En la campaña 2019/20) y vendida (Suponiendo que quedan en los fines de años los mismos stocks finales), observaremos que la posible recaudación y que anhela el Gobierno sería de U$S 7.703 (Cuadro 4).

Producción de soja campaña 2019/20 (Mill.Tn)51.500
Ventas al 30 de setiembre de 2020 (Mill.Tn)32.242
Stock a vender de la campaña 2019/20 (Mill.Tn)19.258
Dólares por venta de stock soja actual campaña 2019/20 (Mill U$S)7.703
Cuadro 4: Dólares originado por venta de stock campaña 2019/20

¿Cuántos dólares podrían ingresar?

Por últimos analizamos lo que el porcentual que vendió el productor agropecuario de soja en los últimos 4 años (Cuadro 5) en los meses de Octubre, Noviembre y Diciembre, y lo relacionamos con lo que podría llegar a vender hasta final de año (teniendo en cuenta el mayor porcentaje logrado en dichos años del 14 %), la recaudación esperada no llegaría a los 3 mil millones de dólares.

 20162017201820192020
Venta de la producción entre el 30 de setiembre y 30 de diciembre de cada año8.6046.7384.2507.5677.168
Producción (Mill.tn)58.50054.50037.80055.30051.500
Porciento de la producción total14 %12 %11 %13 %14 %
Dólares a ingresar al país por posible venta de soja hasta fin de año (Mill.U$S) 20202.867
Cuadro 5: Posibles ingreso de dólares al país por venta de soja

Conclusiones:

  1. El poder de compra de la industria no se vio afectado por la quita del diferencial de las retenciones entre poroto y subproducto de la soja eliminado en agosto de 2018. Por lo tanto, no era necesario tomar esta medida que solo produce una transferencia de dinero del sector primario a la industria.
  2. Con este diferencial del 2 % (Que queda a partir de octubre de 2020) la producción primaria hará una transferencia de U$S 154 millones a la industria aceitera, solo con lo que falta vender de la cosecha 2019/2020.
  3. Suponiendo una producción para la campaña 2020/21 de 51 millones de toneladas de soja y con un Valor FOB Puerto Argentino de 372 U$S/tn para mayo de 2021, la transferencia de la producción primaria a la industria por la nueva siembra sería de U$S 377 millones.
  4. El Patrón de venta del producto es similar en todos los años, a excepción del 2018 donde hubo una baja producción a causa de la sequía.
  5. El Gobierno espera que ingresen con estas medidas U$S 7.003 millones con esta baja del 3 % de retenciones (En forma escalonada) al poroto y 5 % de retenciones a los subproductos, antes de fin de año. El productor usa como moneda de cambio el grano y con seguridad seguirá con su patrón de venta, el ingreso de dólares por el complejo de soja no superaría los U$S 3.000 millones.
  6. ¿Con estas medidas los productores van a vender más? “Algunos productores pueden aprovechar esta posibilidad para hacer alguna inversión productiva, sobre todo en herramientas agrícolas, pero observando el patrón de venta y lo poco atractivo del diferencial, el Gobierno no debería esperar más de U$S 3.500 millones de ingreso hasta fin de año”  

Ing. Agr. Néstor Roulet

Ver Más